El Toque Crítico
Por:Khalid Osorio
Este 13 de noviembre no será un cumpleaños cualquiera para Andrés Manuel López Obrador. Mientras el expresidente sople las velas y reciba los mensajes de admiradores, la Suprema Corte de Justicia de la Nación podría entregarle un obsequio que no tiene moño, pero sí un peso político y simbólico enorme: el revés a los litigios interpuestos por las empresas de Ricardo Salinas Pliego para evitar el pago de impuestos, mismos que logró esquivar en dos sexenios. El monto es de más de 74 mil millones de pesos al fisco.
El “regalo” no podría tener mejor envoltorio. La fecha fue elegida por la Corte para discutir uno de los asuntos más polémicos y representativos del poder económico frente al poder del Estado. Algunos lo verán como una simple coincidencia; otros, como una sincronía cósmica. Pero es difícil no notar el guiño del calendario: el hombre que promovió la reforma judicial que cambió el modo de elegir a jueces y ministros —ahora por voto popular— verá a la nueva Corte, conformada bajo esa lógica, abordar un caso que simboliza todo aquello contra lo que él dijo luchar: la impunidad de los grandes empresarios frente a la ley.
Durante más de una década, Salinas Pliego ha mantenido una batalla jurídica que parecía interminable. Sus empresas han desplegado ejércitos de abogados, amparos y recursos con el fin de evitar el pago de impuestos derivados de operaciones con el SAT. En 2023, el propio empresario presumía en redes sociales su “victoria moral” frente al gobierno, retando al fisco y asegurando que todo era una persecución política. Pero la realidad fiscal tiene la testarudez de los números: la deuda, con actualizaciones y recargos, asciende a una cifra que equivale a más del presupuesto anual del estado de Querétaro.
El hecho de que la Corte retome el caso en este momento no es producto del azar. Para llegar a este punto fue necesario un cambio de fondo en la estructura del Poder Judicial, impulsado precisamente durante el gobierno de López Obrador. Aquella reforma —criticada por juristas tradicionales y defendida por el obradorismo como un paso hacia la “democratización de la justicia”— introdujo el voto popular como mecanismo de elección de jueces y ministros, con la promesa de que el poder judicial “dejara de servir a los de arriba”.
Hoy, ese nuevo modelo enfrenta su primera gran prueba. Si los ministros resuelven conforme a la ley, el mensaje será contundente: la justicia puede tocar a los intocables.
Salinas Pliego, fiel a su estilo, no ha perdido oportunidad para desafiar el proceso. Desde su tribuna en X (antes Twitter), ha ridiculizado a las autoridades fiscales, se ha victimizado y ha buscado empatía entre los empresarios y emprendedores una campaña utilizando como estandarte la palabra libertad, que últimamente ha sido la bandera de muchos políticos y suspirando, que se empeñan en vaciarla de significado todos los días.
Pero más allá del ruido mediático, lo que se discute no es un pleito personal, sino el principio de igualdad ante la ley. Si un ciudadano común puede perder su patrimonio por un adeudo mucho menor, ¿por qué un empresario con una fortuna multimillonaria puede retrasar indefinidamente el pago de miles de millones?
Así que este 13 de noviembre, mientras los pasteles se sirven y los mariachis entonan “Las Mañanitas”, en el edificio de Pino Suárez y Corregidora podría escribirse una de las páginas más simbólicas del legado obradorista. Si la justicia finalmente obliga al magnate a pagar lo que debe, no será solo un golpe a la evasión fiscal: será el cierre de un círculo político que comenzó cuando López Obrador prometió que “nadie estaría por encima de la ley”.




