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Gubernatura en oferta: el PAN, la propaganda y el dinero que no se ve

Por: Khalid Osorio

El Toque Crítico

El proceso interno del PAN en Querétaro para definir a su próximo candidato a la gubernatura no solo se adelantó: se desbordó. Se desbordó en espectaculares, en portadas gigantes, en publicaciones sin registro y en una lluvia de propaganda que no informa nada, pero cuesta mucho. Muchísimo. Y como siempre ocurre cuando la publicidad se multiplica sin explicación, la pregunta incómoda vuelve a aparecer: ¿de dónde sale el dinero?

Las calles y carreteras del estado se han convertido en un muestrario de rostros sonrientes, frases huecas y mensajes tan genéricos que podrían aplicar para cualquier campaña, pasada o futura. No es un ejercicio de contraste de ideas ni de proyectos; es una competencia de músculo económico. Un desfile de quién puede pagar más, antes y mejor, aunque formalmente todavía no haya candidatura.

El caso del alcalde capitalino, Felifer Macías, es particularmente ilustrativo. Su imagen no solo aparece en espectaculares y publicaciones digitales; ahora también circula en bolsas de dulces repartidas fuera del municipio que gobierna, como si la promoción personal fuera una especie de gira permanente disfrazada de buena voluntad. A eso se suma una “revista” sin registro, sin datos editoriales claros, que más parece un volante ampliado que una publicación orgánica. No informa, no cuestiona, no contextualiza: adula. Y eso, en comunicación política, casi siempre tiene precio.

Marco Del Prete, quien ya se bajó de la contienda, dejó como recuerdo una serie de espectaculares que durante semanas intentaron posicionarlo como opción. Uno de ellos terminó en el suelo, caído por el viento o la mala instalación. La imagen fue tan elocuente que rozó la metáfora involuntaria: el espectacular se cayó, igual que sus aspiraciones. Lo paradójico es que nadie explica qué pasará con ese dinero ya invertido ni quién lo puso.

Agustín Dorantes tampoco se quedó atrás. Sus espectaculares, muchos de ellos acompañados de su familia, informan poco o nada. No hay propuestas, no hay diagnósticos, no hay discusión pública. Solo presencia. A eso se suman cientos de bardas pintadas a lo largo y ancho del estado, como si la repetición del nombre pudiera sustituir a la política. De nuevo, la pregunta es inevitable: ¿quién paga todo eso y con qué recursos?

En medio de este despliegue, la pregunta sobre el origen del dinero es inevitable, aunque ya repetitiva. Sin embargo, hay otra pregunta igual de incómoda y quizá más relevante: ¿a dónde deja de llegar el dinero que hoy financia esta avalancha publicitaria? ¿A educación, a becas, a prestaciones laborales, a programas sociales, a seguridad pública, a infraestructura, a servicios básicos, a otras funciones esenciales del gobierno que no tienen rostro ni espectaculares, pero sí impacto directo en la vida cotidiana?

Porque cada peso que aparece multiplicado en anuncios, portadas “editoriales” con evidente incentivo económico y publicaciones improvisadas, es un peso que alguien decidió no destinar a otra cosa. Y ese “alguien” sigue siendo un misterio que nadie parece interesado en despejar.

El PAN queretano decidió copiar el modelo de las “corcholatas” del expresidente López Obrador: tiempos adelantados, promoción personalizada disfrazada de recorridos, entrevistas a modo, espectaculares sin pudor y una candidatura que, en los hechos, parece ya definida. En este caso, la de Luis Nava. Las señales están ahí, aunque se insista en simular un proceso competitivo.

La diferencia es crucial. López Obrador, con todo y los conflictos que dejó —como el de Marcelo Ebrard—, tenía una fuerza política y un liderazgo capaces de contener, al menos parcialmente, las fracturas. Mauricio Kuri no es López Obrador. No tiene ese margen de maniobra ni ese control sobre los grupos internos (y de Martín Arango, ni hablamos). Y aun así, el proceso ya muestra grietas, molestias y aspiraciones frustradas que no necesariamente se van a disciplinar con una foto o un acuerdo de última hora.

El PAN juega con fuego. Adelantó los tiempos, permitió —o toleró— un despliegue publicitario desmedido y ahora enfrenta el riesgo de un rompimiento interno más difícil de administrar de lo que públicamente se reconoce. La pregunta ya no es solo quién será el candidato, sino cuántos quedarán inconformes, cuánto costó llegar hasta aquí y qué factura política se terminará pagando después.

Khalid Osorio
Khalid Osorio
Soy Khalid Osorio, Estudié en la Universidad Autónoma Metropolitana. A lo largo de mi corta trayectoria he colaborado en diversos medios de comunicación en la Ciudad de México, el Estado de México y Querétaro. Actualmente me desempeño como director editorial de Publimetro Querétaro, donde tengo la responsabilidad de encabezar la dirección editorial del medio. Me considero un observador crítico de la relación entre los medios de comunicación y el poder en todas sus expresiones. Admiro profundamente a aquellos periodistas que han logrado incidir en la vida pública a través de su trabajo, y aspiro a lograr, algún día, al menos una parte de esa influencia y compromiso.

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