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El día que el discurso se incendió

por:Khalid Osorio

El Toque Crítico

El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, a manos de fuerzas federales en un operativo realizado en Jalisco durante la madrugada del domingo, no solo sacudió a una organización criminal: sacudió a medio país. En cuestión de horas, en diversos estados en los que la organización tiene presencia, la emboscada de violencia llegó con fuerza.

Por la mañana ya circulaban reportes de bloqueos carreteros en el occidente y el Bajío. Vehículos incendiados. Comercios quemados. Carreteras cerradas. El mensaje era claro: el golpe tendría respuesta. La violencia no se concentró en un solo punto; se dispersó como pólvora.

En Querétaro, antes del mediodía, se reportó el incendio de una tienda Oxxo y vehículos en llamas en carreteras que conectan con la entidad. No era un hecho aislado ni una “percepción”. Era fuego real, humo visible y miedo palpable. La reacción institucional, sin embargo, fue desigual.

Los comunicados comenzaron a fluir… pero no desde el gobierno estatal. La Liga MX suspendió el partido programado en el estadio La Corregidora. Se anunció el cierre de tiendas Oxxo. La plaza comercial Antea bajó cortinas. La UNAM suspendió actividades, seguida por otras instituciones educativas. El sector privado y las organizaciones reaccionaban en tiempo real, tomando decisiones preventivas.

Mientras tanto, del gobierno estatal no había información. Ni un llamado a la calma. Ni una recomendación para evitar transitar por ciertas zonas. Ni una confirmación de los hechos. Nada.

Desde los medios se pedía no difundir noticias falsas y seguir únicamente indicaciones oficiales. El problema era evidente: no había indicaciones oficiales. En comunicación, los vacíos no permanecen vacíos. Se llenan. Se llenan de videos, de audios reenviados, de capturas de pantalla sin verificar, de especulación. Cuando la ciudadanía quiere saber qué está pasando en el lugar donde vive —qué tan grande es el monstruo, qué tan cerca está el riesgo— y nadie le informa, busca por su cuenta.

Poco antes de las 16:00 horas llegó el primer atisbo de comunicación estatal. En realidad, no comunicaba nada sustancial: se informaba que había una reunión de seguridad. Era un mensaje administrativo en medio de una jornada extraordinaria.

Cerca de las 20:00 horas, el gobernador Mauricio Kuri emitió un mensaje sólido en forma y contenido, detallando los hechos registrados en la entidad y las acciones implementadas para salvaguardar a la población. Fue un buen mensaje. Claro, estructurado, institucional. El problema no fue el contenido, sino el tiempo.

Porque entre el incendio de la mañana y el mensaje nocturno transcurrieron horas de silencio oficial. Horas en las que la narrativa no la construyó el Estado, ni dio acompañamiento o alertas a los ciudadanos. Horas en las que la ciudadanía sintió que estaba sola frente a la incertidumbre.

Más allá del manejo comunicacional, hay una conclusión ineludible: la versión oficial repetida durante años —que en Querétaro no existe operación del crimen organizado— quedó sepultada. Los hechos del domingo marcan un antes y un después. No ocurre en magnitud comparable con otros estados, quizá, pero sí en la naturaleza de los eventos. Bloqueos, incendios, reacciones coordinadas tras un golpe federal: eso no ocurre en territorios ajenos a la dinámica criminal.

Cuando vuelva a afirmarse que aquí “no pasa nada”, será necesario explicar por qué, si los efectos se replican, cada vez que hay un movimiento mayor en estados vecinos. El discurso de la excepcionalidad quedó tocado. Y no por una narrativa opositora, sino por los propios hechos.

La caída de ‘El Mencho’ generó violencia en distintas regiones del país. En Querétaro generó algo más: la caída de una narrativa. Que se sorprenda quien tenga que sorprenderse. Para muchos, lo ocurrido no fue una revelación, sino la confirmación de algo que desde hace tiempo era evidente: la seguridad no se mide por discursos, sino por capacidad de reacción, transparencia y reconocimiento de la realidad.

El fuego del domingo no solo quemó tiendas y vehículos. También consumió una versión oficial que ya estaba muy desgastada desde hace tiempo.

Khalid Osorio
Khalid Osorio
Soy Khalid Osorio, Estudié en la Universidad Autónoma Metropolitana. A lo largo de mi corta trayectoria he colaborado en diversos medios de comunicación en la Ciudad de México, el Estado de México y Querétaro. Actualmente me desempeño como director editorial de Publimetro Querétaro, donde tengo la responsabilidad de encabezar la dirección editorial del medio. Me considero un observador crítico de la relación entre los medios de comunicación y el poder en todas sus expresiones. Admiro profundamente a aquellos periodistas que han logrado incidir en la vida pública a través de su trabajo, y aspiro a lograr, algún día, al menos una parte de esa influencia y compromiso.

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