El Toque Crítico
Por: Khalid Osorio
Hay políticos que parecen incapaces de resistirse a las polémicas ajenas. Las ven pasar y, en lugar de mantener prudencia, se lanzan de cabeza para quedar bien con su grupo político, aunque el costo sea innecesario. Algo así parece estar ocurriendo con el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, quien en cuestión de días decidió involucrarse en dos episodios profundamente incómodos para el Partido Acción Nacional: el escándalo de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y la visita de la política española Isabel Díaz Ayuso.
El primero no es menor. La gobernadora chihuahuense quedó envuelta en una tormenta política luego de revelarse información sobre el conocimiento que tenía respecto a operaciones de agentes de la CIA en territorio mexicano. El asunto salió a la luz tras un accidente en el que murieron personas vinculadas con estas actividades. Un tema delicadísimo: soberanía nacional, intervención extranjera y operaciones encubiertas en México. Un escándalo que, en cualquier manual básico de control político, aconsejaría prudencia, distancia y silencio.
Pero no. Ahí apareció Mauricio Kuri grabando un video para respaldarla. “Eres una mujer valiente y echada para adelante”, dijo el mandatario queretano. Una frase curiosa para un caso que involucra posibles operaciones extranjeras en territorio nacional. Porque uno se pregunta: ¿valiente por qué exactamente? ¿Por saber y callar? ¿Por resistir el escándalo? ¿O simplemente porque en política partidista se respalda automáticamente a los tuyos aunque el incendio apenas vaya comenzando?
Más aún cuando las encuestas muestran que Acción Nacional podría perder Chihuahua en 2027. Es decir, Kuri decidió meterse gratuitamente en un conflicto político ajeno, en un estado ajeno, con un escenario electoral incierto y en un tema sumamente sensible. Sudar calenturas ajenas, como dice el dicho popular.
El segundo episodio fue todavía más extraño. La visita de Isabel Díaz Ayuso a México parecía diseñada por un comité nostálgico del colonialismo. La dirigente española fue recibida por sectores del PAN y de la derecha mexicana como una especie de libertadora internacional que venía a rescatar a México de la “dictadura” iniciada en 2018 con la llegada de Andrés Manuel López Obrador. El dramatismo era digno de serie histórica: México, sometido; Ayuso, enviada a salvarlo.
Y ahí estaba nuevamente Mauricio Kuri. Sonriendo en la fotografía difundida por la gobernadora de Aguascalientes, junto a los otros mandatarios panistas que quedan en el país, todos flanqueando a Ayuso como si se tratara de una jefa política internacional o una líder moral.
La pregunta inevitable es: ¿qué necesidad tenía Kuri de aparecer ahí?
Sobre todo porque, hasta hace poco, parecía haber construido una relación políticamente inteligente con la presidenta Claudia Sheinbaum. Cada visita presidencial a Querétaro estaba llena de elogios mutuos, aplausos, reconocimientos y agradecimientos. La presidenta reconocía el apoyo institucional del gobernador y Kuri respondía con cortesía política. Una convivencia funcional, madura y útil.
Pero apenas la presidenta se da la vuelta, reaparecen los guiños hacia los sectores más duros y radicalizados de la oposición. Como si existiera una necesidad permanente de demostrar pertenencia ideológica, aunque eso implique respaldar causas incómodas o figuras polémicas.







