Por: Khalid Osorio
El Toque Crítico
En un país donde la violencia se ha vuelto parte del paisaje cotidiano, hay hechos que deberían encender todas las alarmas… y no lo hacen. El regidor del municipio de Querétaro, Fernando Flores ‘Avse’, denunció públicamente haber recibido amenazas de muerte a través de líneas telefónicas del propio municipio y también en su teléfono personal.
No es un tema menor. No es parte del “ruido” político. Es, simple y llanamente, un delito grave. Y sin embargo, el silencio fue ensordecedor.
No hubo despliegue informativo. No hubo portadas. No hubo mesas de análisis ni llamados urgentes a la investigación. Apenas menciones aisladas, si es que las hubo. Como si el tema no mereciera atención. Como si la amenaza a un representante popular fuera un asunto secundario.
La pregunta es inevitable: ¿por qué?
¿Porque se trata de un opositor? ¿Porque es un funcionario emanado de Morena en un entorno político dominado por el PAN? ¿Porque es un perfil incómodo? ¿O porque simplemente no encaja en la narrativa que ciertos medios deciden amplificar?
En Querétaro, los medios de comunicación no operan en el vacío. Existen convenios, relaciones institucionales, líneas editoriales que, en muchos casos, se alinean con quienes gobiernan. No es un secreto. Es una dinámica conocida. Y en ese contexto, los silencios también comunican.
Pero las amenazas no distinguen colores partidistas. No deberían normalizarse dependiendo de quién las recibe. No deberían medirse con vara política.
Las amenazas en política no son nuevas, pero eso no las hace normales. Cada vez que se minimizan, cada vez que se ignoran, se abre la puerta a que escalen. A que pasen de la intimidación a algo peor.
Por eso es indispensable que las autoridades investiguen. Sin sesgos, sin cálculos políticos, sin importar de qué partido provenga la víctima. La seguridad de quienes ejercen funciones públicas y, en consecuencia, la de la vida democrática no puede depender de simpatías partidistas ni de conveniencias mediáticas.
También es momento de que los medios asuman su papel. No como voceros de nadie, sino como contrapeso.








