El Toque Crítico
Por: Khalid Osorio
Ayer, en el municipio de Corregidora, se registró un multihomicidio en una pelea de gallos. Una de esas que, en el discurso oficial, suelen calificarse como “clandestinas”, aunque en los hechos todo mundo sabe que existen, que operan con regularidad y que mueven apuestas importantes.
No era un secreto. Era una actividad tolerada… hasta que dejó de serlo por la peor razón posible: la violencia.
Lo más llamativo no fue solo el hecho en sí, sino el contexto. Ese mismo día, el presidente municipal Josué Guerrero encabezaba la mesa de seguridad metropolitana y apareció, por relevancia o por encargo, en las portadas de los periódicos locales. La imagen era la de control, coordinación, estrategia. Horas después, la realidad mostró otra cosa.
El multihomicidio obligó al gobierno estatal a modificar su día y convocar a una reunión de seguridad inmediata. Una reacción necesaria, sin duda. Pero también predecible. Porque lo que vino después fue, otra vez, el mismo guion.
El mensaje del gobernador Mauricio Kuri no cambió. Cero tolerancia. Se les encontrará y que no habrá tolerancia. Palabras que ya hemos escuchado antes.
Se dijeron tras la violencia en el estadio Corregidora. Entonces, el compromiso fue dar con los responsables, incluso si se escondían. Y sí, los encontraron… aunque meses después muchos de ellos ya estaban fuera.
Se repitieron tras la masacre en el bar Los Cantaritos. De nuevo, la narrativa fue la misma: no habrá tolerancia, no se permitirá que el crimen organizado opere en la entidad. Más énfasis en negar su presencia que en explicar los hechos.
Es difícil no preguntarse si estamos ante una política de seguridad o ante una política de comunicación. Porque cuando los mensajes se repiten de manera casi idéntica ante hechos distintos, lo que se desgasta no es solo el discurso, sino la credibilidad.
Porque el problema no es solo lo que ocurrió ayer. Es lo que ya se sabía: que esas peleas existían, que había apuestas, que había dinero, que había condiciones propicias para que algo así ocurriera. Lo “clandestino” deja de ser excusa cuando es visible para todos, menos para la autoridad.




