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Felifer, más Anayista que nunca

En política hay frases que pesan más por lo que dicen… y por lo que intentan ocultar. La reciente declaración del presidente municipal de Querétaro, Felifer Macías, asegurando que no es “Anayista” sino “Kurista”, abre más preguntas de las que responde.

No es una frase menor. En un escenario donde la sucesión para la gubernatura comienza a perfilarse desde ahora, cualquier definición política tiene destinatarios claros. Y en este caso, el mensaje va directo a quien hoy tiene la mayor influencia en el futuro político del estado: el gobernador Mauricio Kuri.

Decir “soy kurista” no es sólo una expresión de respaldo. Es también una forma de alinearse con el poder real que, llegado el momento, tendrá voz determinante en la definición del candidato del PAN para la gubernatura de Querétaro.

Pero si algo llama la atención es la primera parte de la frase: “no soy Anayista”.

Porque, para buena parte de la opinión pública, la carrera política de Felifer Macías está profundamente ligada a la figura de Ricardo Anaya.

No es un secreto. Durante años, Anaya fue su mentor político y una de las figuras que impulsó su crecimiento dentro del Partido Acción Nacional. La relación fue visible en momentos clave de su trayectoria.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en 2018, cuando Macías era regidor del municipio de Querétaro. Documentados por la periodista Mariana Villalobos, el entonces regidor se ausentó al menos 37 días de sus funciones para sumarse a la campaña presidencial de Anaya.

La apuesta tuvo recompensa. Poco después, Macías obtuvo la candidatura a diputado federal por el IV Distrito. En política, las coincidencias casi nunca son casualidad.

Tampoco lo son algunas posturas ideológicas que ambos han compartido. Durante su campaña, Anaya fue uno de los principales promotores de la idea de que las energías limpias desplazarían rápidamente al petróleo y que la apuesta por el futuro energético debía ir en esa dirección, declaración que en el panorama actual es causa de burlas.

En su momento, Felifer Macías expresó ideas similares. Como diputado federal llegó a pronosticar que los autos a gasolina desaparecerían en poco tiempo, resaltando el avance de las energías alternativas.

Por eso, cuando ahora afirma que no es Anayista, la pregunta inevitable es si basta con decirlo.

En política, las identidades no se definen con una declaración, sino con una trayectoria. Y cuando una carrera se construye durante años bajo el impulso de un mentor, resulta difícil borrar esa historia con una sola frase.

Paradójicamente, esta declaración fue su acción más “Anayista” de todas.

Porque si algo caracterizó la trayectoria política de Ricardo Anaya fue su capacidad para romper con quien antes lo impulsó. El episodio con Gustavo Madero sigue siendo uno de los más citados dentro del PAN: ya como dirigente nacional del partido, Anaya rompió un acuerdo político que permitiría a Madero presidir la Cámara de Diputados.

Tiempo después, el propio Madero reconocería públicamente que se arrepentía de haber impulsado a Anaya dentro del partido.

La historia política está llena de discípulos que, llegado el momento, intentan separarse de sus maestros para construir su propio camino. A veces lo logran. A veces terminan confirmando que, incluso cuando intentan negarlo, siguen pareciéndose demasiado a ellos.

En el caso de Felifer Macías, la frase ya quedó dicha y, al igual que Anaya, ejecutó de manera similar el arte de desconocer al maestro.

Ahora falta ver si el tiempo demuestra que fue una redefinición política o simplemente un gesto de coyuntura en el camino hacia la búsqueda de la gubernatura.

Khalid Osorio
Khalid Osorio
Soy Khalid Osorio, Estudié en la Universidad Autónoma Metropolitana. A lo largo de mi corta trayectoria he colaborado en diversos medios de comunicación en la Ciudad de México, el Estado de México y Querétaro. Actualmente me desempeño como director editorial de Publimetro Querétaro, donde tengo la responsabilidad de encabezar la dirección editorial del medio. Me considero un observador crítico de la relación entre los medios de comunicación y el poder en todas sus expresiones. Admiro profundamente a aquellos periodistas que han logrado incidir en la vida pública a través de su trabajo, y aspiro a lograr, algún día, al menos una parte de esa influencia y compromiso.

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